Camino de Santiago
El camino de las estrellas
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«Me gusta viajar y aquí tengo los destinos donde he estado, con la foto». El mapamundi que decora la habitación de Alfonso es una declaración de intenciones. En la videollamada se aprecia el brillo de sus ojos al hablar de su escapada más reciente, una etapa del Camino de Santiago. Alfonso tiene como compañera de viaje la esclerosis múltiple que le diagnosticaron en 1997. «Los primeros brotes no son fuertes, vas al hospital unos días y sales perfectamente», cuenta. Casi tres décadas después vive con limitaciones pero defiende su autonomía. La enfermedad lo sienta cada vez más tiempo en una silla de ruedas. Pero él intenta afianzar su independencia con pasos cortos y dos bastones. «Trato de seguir caminando, de seguir haciendo que las piernas me respondan».Alfonso Galicia, 59 años, vecino de Tordesillas (Valladolid), se sostiene además sobre una rutina exigente. Con el «pico de energía» que conquista cada mañana en la piscina, tirando sobre todo de brazos. «El año pasado hice unos 200 kilómetros nadados, el anterior habían sido 400 y este no sé si llegaré a los 100». Practica yoga, acude a fisioterapia, hace ejercicio físico en la medida de sus posibilidades. Dibuja, asiste a un taller de cine y a un curso de escritura creativa. Recoge sus experiencias cotidianas en un diario, sus vivencias de cada viaje en otro libro. «Es muy importante tener ilusiones y no quedarte encerrado en casa. A la puerta vas a encontrar a alguien que te cambia el día».A más de 600 kilómetros de Alfonso, en Cartagena, se fundó en 2018 Zancadas sobre Ruedas. «Somos voluntarios, nos dedicamos a hacer deporte adaptado», resume Antonio Caparrós, presidente de la delegación de Alicante. Conoció la asociación cuando salía a correr, ajeno a marcas y tiempos, y en 2020 se unió a ella.Antonio contesta la llamada de Crónica una calurosa tarde de agosto desde Molinaseca (León). Los voluntarios que menciona son en realidad atletas muy entrenados, «los brazos y las piernas» que impulsan la labor social. «Nos contactan asociaciones, o personas con movilidad reducida o discapacidad, y nos piden lo que les gustaría: una carrera, escalar, ir a la montaña, a nadar, a la nieve». Zancadas facilita el senderismo a quienes apenas pueden caminar, ha completado con usuarios medias maratones, ha ayudado a subir el Pico Mulhacén. La asociación, declarada de utilidad pública por el ministerio del Interior en diciembre de 2022, se financia con donaciones y subvenciones. Aporta el esfuerzo físico, los medios materiales y los medios económicos. «No tienen que pagar nada», subraya Antonio, «uno de nuestros lemas es que si yo llego, tú llegas».EL PRIMER CAMINO DE ALFONSOEl vínculo de Alfonso con el Camino de Santiago nació en 2014 cuando, tras divorciarse, buscó «nuevos retos». Se enroló en la asociación Camino del Sureste, que hace una etapa el último sábado de cada mes. «Te aporta mucha energía vital, mucho trato con la gente, son experiencias que no encuentras en otro sitio, seas creyente o no». En el Camino también ha detectado el impacto de su enfermedad. «Te das cuenta de que tienes unas limitaciones y de que, cada paso que des, ahora vale mucho», reflexiona.Zancadas sobre Ruedas descubrió el Camino de Santiago en 2025 a petición de varios usuarios. Cubrió los tramos finales y disfrutó con la experiencia. «Las familias no pensaban que íbamos a hacer eso con sus hijos», rememora Antonio Caparrós. En 2026 ha multiplicado el desafío. Un grupo reducido partió el 5 de julio de Aspe (Alicante) para cruzar España en diagonal: 1.100 kilómetros en 44 días con sólo una jornada de descanso. La asociación había contactado antes con las localidades donde iba a pernoctar para averiguar si alguna persona con movilidad reducida, como Alfonso, quería participar. En Sarria (Lugo) se incorporaron una treintena de voluntarios y cinco usuarios más, llegados todos en autobús, para compartir los cinco últimos días, enfilar juntos la Plaza del Obradoiro, entrar en la Catedral, recoger la Compostela y celebrar este generoso esfuerzo compartido.La asociación ha dedicado esta gran peregrinación de 2026 a concienciar sobre la ELA como homenaje a una empresa que siempre les apoya y uno de cuyos dueños falleció por este tipo de esclerosis. Recauda fondos gracias a las donaciones y el patrocinio de kilómetros, y entregará el dinero obtenido a la Fundación Luzón, especializada en financiar investigaciones sobre una enfermedad hasta ahora incurable y que padecen entre 4.000 y 4.500 personas en España.JOËLETTE, LA GRAN SILLA TODOTERRENOEl Camino que ha completado Zancadas tiene, además, otra protagonista. Hace años que la peregrinación va abriéndose a vehículos adaptados como bicicletas de mano, triciclos tándem o sillas especiales. Esta asociación utiliza, sin embargo, una silla modelo Joëlette, con una sola rueda y amortiguación, fabricada en Francia y con un precio aproximado de 5.000 euros. Varios voluntarios se despliegan delante, detrás y a los lados para desplazar el vehículo todoterreno. El usuario sólo tiene que dejarse transportar. «No hay barreras, podemos hacer lo que queramos», señala Caparrós.«Me pusieron un casco y en llano empezaron a correr», explica Alfonso, los ojos de nuevo iluminados por la ilusión. «Con un bastón no eres consciente del movimiento, vas pensando en no tropezarte, aquí vas sentado y disfrutando». El 30 de julio salieron de Tordesillas a las seis y media de la mañana, pararon a almorzar en Vega de Valdetronco, reanudaron la marcha bajo la solana de Castilla y arribaron casi a mediodía a Mota del Marqués, a casi 25 kilómetros. Los mapas y las rutinas de Alfonso, la logística y las actividades de Zancadas sobre Ruedas, todos los elementos cobraron sentido, dejaron por un día en segundo plano la enfermedad, abrieron paso a sensaciones quizá desvanecidas. «Vimos el amanecer, fue muy bonito, luego el sol entre los campos de trigo recién segados, para mí fue impresionante».«Alfonso fue un encanto y la etapa fue brutal, de hecho le propusimos que se viniera con nosotros», completa Antonio Caparrós. «Se alargó un poco y la verdad es que lo estábamos disfrutando, nos expresaba que jamás pensaba que lo iba a hacer». A lo largo del Camino del Sureste, muy poco transitado, la expedición se ha movido casi en solitario. Sólo han coincidido con otros peregrinos a partir de Astorga (León). «Flipan, porque a la gente ya le cuesta, nos ven con la silla y no lo entienden, creen que no puede ser».El presidente en Alicante de Zancadas sobre Ruedas resta importancia a su esfuerzo físico. Cuando no llevaban a nadie sentado, cargaban en la silla sus mochilas. Si transportaban a una persona, se alternaban para tirar, empujar o dar estabilidad. «Nuestro significado real es ver que han completado algo como uno más», asegura. A los integrantes de la asociación su particular Camino de Santiago les sugiere nuevos desafíos pero sobre todo, dice Antonio Caparrós, les invita a replantearse sus prioridades en la vida. «Verlos a ellos felices y decir ¿y yo estoy preocupado porque me estoy quedando sin batería en el móvil? Realmente nos ayudan más que nosotros a ellos».LLEGAR HASTA SANTIAGO EN 2027El agradecimiento de Alfonso no se ha apagado. «Estoy encantado, gracias a ellos he descubierto una nueva etapa en mi vida que espero repetir». Y si puede, lo hará. En 2027 espera reverdecer en el escenario más simbólico esas sensaciones que ha recuperado este verano. Está previsto que, el año próximo, su asociación confluya en el Monte do Gozo con dos grupos de Zancadas sobre Ruedas procedentes de otros dos itinerarios. Él, que hace años entró en Santiago a pie, ya despacio, con bastones, aspira a revivir la experiencia de llegar «como si fuera caminando de verdad».Con esa movilidad reducida que defiende del asedio de la esclerosis, Alfonso se muestra partidario de «enfrentarse a nuevos retos porque en la vida nunca sabes lo que te va a pasar». Un mensaje que Antonio Caparrós extiende a quienes se lo permitan sus discapacidades. «Que echen para adelante, que se atrevan, que asociaciones como la nuestra hay muchas en toda España, que ellos tienen mucha más fuerza que cualquiera de nosotros». Que amplía al resto de la sociedad. «Cuando vean una persona con cualquier tipo de discapacidad, que lo vean como un igual, que lo traten como uno más».Tanto Alfonso como Antonio destacan la solidaridad que, en general, perciben. «Siempre he encontrado buenas caras y predisposición para ayudar», relata el primero sobre su día a día. «España es supersolidaria, da igual la parte en la que te encuentres, nos han recibido en todos los sitios de maravilla», señala el segundo. En Tembleque, por ejemplo, les ofrecieron las llaves del ayuntamiento para que se quedaran dentro a dormir.Dos trayectorias, dos retos unidos este verano por el Camino. Antonio expresa la vivencia de Zancadas sobre Ruedas. «Cuando alguien se ha sentado en la silla, ese día para nosotros ha sido especial. También para ellos, no pensaban donde podían llegar, creo que les hemos abierto un mundo nuevo». Alfonso aspira a derribar todas las barreras que pueda. «El Camino ahora te aporta más: cada día que pasa en la vida, disfrutas». Consciente de que la esclerosis múltiple es una compañera de viaje traicionera, no mira más adelante de esa entrada en Santiago en 2027. Pero su propósito, como el mapa de su habitación, es una declaración de intenciones. «Sólo vivir el día a día como si fuera el último».
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