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El Camino conquista Coruxo: así cambia Vigo a golpe de mochila y credencial


El Camino conquista Coruxo: así cambia Vigo a golpe de mochila y credencial

Dicen quienes han completado el Camino que la experiencia de peregrinar hasta la Praza do Obradoiro te cambia por dentro. Que nada vuelve a ser igual para el caminante una vez alcanzado Santiago. Si esa transformación interior sucede o no es algo que, en realidad, únicamente sabe el peregrino. Ahora bien, de lo que no hay duda es de que lo que realmente cambia con el paso de los peregrinos es el paisaje que recorren.

Un buen ejemplo de ello es la parroquia viguesa de Coruxo, por la que pasa el Camino Portugués de la Costa, el cual hace apenas una década que fue reconocido oficialmente pero su impronta es bien visible. Algo está cambiando en Coruxo. Y esta cambiando mucho y rápido.

Allí donde hace nada el Camino no era si no poco más que una anécdota, hay ahora pequeños establecimientos de los que cuelgan carteles en los que se anuncia el sellado de credenciales del peregrino, mapas del Camino Portugués por la Costa, bocadillos, souvenirs y productos pensados específicamente para quienes llevan varios días caminando.

Algunos restaurantes ya ofrecen el tradicional Menú del Peregrino, ese concepto que cualquier caminante reconoce inmediatamente desde Portugal hasta Santiago de Compostela. Y los carteles que todo lo anuncian ya no están únicamente en gallego o castellano, se traducen también al inglés, francés, alemán o portugués.

Para bien o para mal, el Camino está haciendo en Vigo exactamente lo mismo que lleva mucho tiempo haciendo allá por donde pasa: transformar el paisaje, la economía local y hasta la identidad de los lugares que atraviesa.

Un lenguaje universal
Y, aunque sabido, resulta fascinante comprobar cómo el Camino consigue homogeneizar, en cierto modo, todas las localidades jacobeas del continente. Da igual que uno se encuentre en un pequeño pueblo del norte de Portugal, en una aldea navarra o en las afueras de una ciudad de casi 300.000 habitantes. Hay elementos comunes que cualquier peregrino identifica al instante: credenciales, sellos, conchas, desayunos tempraneros, menús del peregrino, mochilas apoyadas en fachadas, pequeños comercios que venden artículos básicos para el caminante o políglotas carteles de bienvenida. Y ese lenguaje universal del Camino ha llegado a Coruxo. Y lo ha hecho a una velocidad sorprendente. Cristianismo

El Camino Portugués por la Costa fue reconocido oficialmente como ruta jacobea por la Xunta de Galicia en 2016. Aquel año apenas unos 2.600 peregrinos llegaron a Santiago tras recorrerlo. Diez años después, las cifras son sencillamente estratosféricas. La ruta no ha dejado de crecer hasta convertirse en una de las que más peregrinos aporta a la Oficina del Peregrino compostelana. Solo este año, 57.000 peregrinos pasaron por Vigo, y el albergue ha recibido recientemente al peregrino número 50.000 en la ciudad.

Sin flechas amarillas

El Camino de la Costa ya no es una promesa de futuro; es una realidad económica y social que ha comenzado a dejar huella en la ciudad, una pequeña revolución que está sucediendo a pesar de las reticencias institucionales, porque Vigo sigue siendo la única localidad por la que pasa el Camino de Santiago que no cuenta con las tradicionales flechas amarillas que señalizan el recorrido jacobeo.

Se trata de un debate que ha protagonizado numerosos titulares en los últimos años y que el alcalde, Abel Caballero, llegó a despachar afirmando que dichas flechas son «irrelevantes». Sin embargo, los comerciantes de Coruxo parecen pensar exactamente lo contrario. Para ellos, el peregrino se ha convertido en una fuente de ingresos.

Internacionalización
El Camino, además, ha traído consigo una internacionalización inédita para muchos pequeños negocios vigueses. Los idiomas que aparecen en la cartelería son la mejor prueba de ello. Alemanes, estadounidenses, italianos, franceses, coreanos o portugueses atraviesan diariamente la parroquia durante los meses de verano, obligando a muchos establecimientos a adaptar su oferta y su comunicación.

Hace apenas diez años, pocos vecinos habrían imaginado que Coruxo acabaría formando parte del imaginario jacobeo internacional. Hoy resulta difícil encontrar un peregrino que no se detenga en alguno de los negocios situados aquí.

Y probablemente esto no haya hecho más que empezar, porque si algo demuestra la historia del Camino de Santiago es que allí por donde pasa acaba dejando mucho más que peregrinos: deja dividendos, nuevas oportunidades empresariales y una identidad compartida que trasciende fronteras y lenguas.

El Camino Portugués por la Costa está comenzando a escribir esa misma historia en Vigo. Y tal vez la mejor prueba de ello no sean las cifras récord ni las estadísticas de la Oficina del Peregrino sino un sencillo cartel de madera en Coruxo que ofrece café, bocadillos y otro sello para la Compostela.

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