25 de Marzo de 2019 66 Peregrinos conectados Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago
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Málaga

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Ruinas Teatro Romano
Fortaleza La Alcazaba
Palacio Palacio de la Aduana
Visita Judería
Castillo Gibralfaro
Visita Puerto de Málaga
Catedral Catedral de la Encarnación
Palacio Palacio Episcopal
Iglesia Iglesia de Santiago Apóstol
Iglesia Iglesia de San Lázaro
Ermita Ermita de Zamarrilla
Iglesia Capilla de Calle Agua
    Historia     El primer asentamiento colonial se localiza en la desembocadura del Guadalhorce, en un enclave conocido como cerro del Villar. En el lugar donde se asienta la ciudad existía un poblamiento bástulo, en base al cual los fenicios fundaron la colonia de Malaka, atraídos por las buenas condiciones para el atraque en su puerto natural y la gran cantidad de yacimientos de plata y cobre existentes.

Tras un período de dominación cartaginesa, Malaka pasó a formar parte de Roma. En la época romana la ciudad (en latín Malaca) alcanzó un notable desarrollo. Dotada inicialmente de estatuto de municipio federado, obtuvo el de municipio de derecho latino durante el siglo I, tras la promulgación del «Edicto de Latinidad» para Hispania por parte de Vespasiano y la promulgación por Domiciano de la lex Flavia municipalis, que adaptaba las provisiones de las leyes municipales promulgadas por Augusto a las peculiaridades de los municipios de derecho latino de Hispania. La copia particular de Málaga se denomina Lex Flavia Malacitana.

La decadencia romana dio paso a la dominación de los pueblos germanos, que sobre el año 411 arrasaron las costas malagueñas. Con la intención de reconstruir el Imperio romano, el emperador bizantino Justiniano I conquistó, entre otros territorios, Málaga.

Tras la conquista árabe, Mālaqa (en árabe مالقة) se convirtió en una ciudad floreciente, rodeada por un recinto amurallado junto al que se asentaban los barrios de comerciantes genoveses y las juderías. Málaga llegó a ser capital de la taifa hammudí, así como de otros tres efímeros reinos posteriormente. De esta época quedan trazas en el centro histórico y en dos de sus principales monumentos: la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro.

Contaba Mālaqa con dos arrabales fuera de las murallas, un comercio que poseía un discreto radio de acción con Marruecos y una clase media dedicada a la artesanía y al comercio. En esta etapa vivió uno de sus hijos más ilustres: el filósofo y poeta judío Ibn Gabirol.

La conquista de la ciudad por los Reyes Católicos en 1487 supuso un episodio sangriento en la guerra final contra el Reino nazarí de Granada. El asedio de la ciudad fue uno de los más largos de la Reconquista, duró 6 meses y cortó el suministro de alimentos. La ciudad se rindió el 18 de agosto, entrando los reyes triunfalmente el día siguiente. La población fue castigada a la esclavitud o a pena de muerte.

La Batalla de Málaga (1704), de Isaac Sailmaker. La pérdida de Gibraltar en 1704 convirtió a Málaga en una de las llaves del Estrecho; las armadas, el abasto de los presidios norteafricanos y la defensa del Mediterráneo se organizaban en la ciudad.

Bajo la influencia castellana, la ciudad comenzó a cambiar su trazado urbano e inició la construcción de la Catedral de Málaga, cuyo arquitecto fue Diego de Siloé, sobre los cimientos de la mezquita mayor. Las iglesias y conventos construidos fuera del recinto amurallado empiezan a aglutinar población, dando lugar a la formación de nuevos barrios extramuros como La Trinidad o Capuchinos.

Del siglo XVI al siglo XVIII la ciudad entró en una época de inestabilidad, no sólo por las consecuencias que trajo consigo el levantamiento de los moriscos y su posterior expulsión, sino también por las epidemias e inundaciones provocadas por el río Guadalmedina, que se vieron acompañadas de varias malas cosechas sucesivas durante el siglo XVII, así como de epidemias, terremotos, explosiones de molinos de pólvora y las levas de soldados.

Las Civitates consideraban a Málaga un emporio de riqueza, debido a su enclave comercial privilegiado. Sus productos agrícolas, en especial los vinos y las exquisitas pasas, así como sus apreciadas vasijas vidriadas atraían gran afluencia de mercaderes extranjeros de distintas nacionalidades; Flandes, Inglaterra y Francia comerciaban principalmente con madera, tejidos y trigo, llevándose a cabo un importante intercambio de diferentes mercancías. El trato mercantil se realizaba principalmente durante "la vendeja".

Málaga, sede de la Capitanía General de la Costa y Reino de Granada,60 jugó un papel esencial en la política exterior de los Borbones. Las armadas, el abasto de los presidios norteafricanos y la defensa del Mediterráneo se organizaban en la ciudad. Ello implicó un enorme gasto en defensa: Fortificación del puerto, torres en el litoral y regimientos de milicias. Además, la pérdida de Gibraltar en 1704 a manos de los británicos depositaba en Málaga una de las llaves del Estrecho.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se solucionarían los crónicos problemas de abastecimiento de aguas que sufría Málaga con la culminación de uno de los proyectos de ingeniería más importantes llevados a cabo en España en esa centuria: el Acueducto de San Telmo.

En los primeros años del siglo XIX, Málaga tendría un papel protagonista en la Guerra de la Independencia española; contribuiría decisivamente a la primera victoria de un ejército europeo en campo abierto sobre las tropas de Napoleón en la batalla de Bailén, con miles de voluntarios y, a la cabeza de las tropas españolas, su Gobernador, el general Teodoro Reding. En 1810, las tropas napoleónicas penetraron de nuevo en el Sur de España, siendo la ciudad ocupada hasta 1812 y teniendo que pagar cuantiosas contribuciones por haber sido la única capital sureña que se sublevó contra ellas.

El fusilamento de Torrijos (1888), de Antonio Gisbert Pérez. El liberal Torrijos y sus hombres fueron fusilados en la playa de San Andrés en 1831. Al fondo se puede ver representada la Iglesia del Carmen.

Durante gran parte de la centuria, Málaga fue una de las ciudades más levantiscas del país, contribuyendo decisivamente al triunfo del liberalismo en España. Tanta actividad revolucionaria le valieron el título «siempre denodada» y la leyenda «la primera en el peligro de la libertad».

Con la renuncia al trono de Amadeo de Saboya se producen grandes disturbios y se declara el Cantón de Málaga. La vida política malagueña durante el sexenio democrático (1868-1874) se caracterizó por un tono radical y extremista. El republicanismo federal logró fuertes apoyos en las clases populares y alentó insurrecciones que produjeron gran alarma entre los sectores acomodados.

La decadencia de la ciudad se inició a partir de 1880. La crisis hace cerrar las fundiciones malagueñas y vino acompañada por el derrumbe la industria azucarera y la plaga de filoxera, que hundió al viñedo malagueño. El abandono de estas fincas trajo consigo una fuerte deforestación de las laderas, lo que causó un incremento de las avenidas de agua, que provocó muchos desastres y muertos hasta bien entrado el siglo XX.

Ficha actualizada en: 21/06/2015
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