15 de Mayo de 2021 222 Peregrinos conectados Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago
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Avila

523,260 Kms. hasta Santiago
(1997)
 
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Etapa 22a.- San Bartolome de Pinares-Avila
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    Historia     Algunos historiadores apuntan que la actual ciudad de Ávila fue una fundación ex-novo de los romanos, quienes le darían la denominación de Abila, Obila, Abyla o Abela. La ciudad romana estaba formada por el actual casco viejo, la zona rodeada hoy día por las murallas. La antigua presencia romana en la ciudad se manifiesta a través del puente romano, la calzada y distintos mosaicos, que son algunos de los restos de esta época que han sobrevivido hasta la actualidad. La necrópolis romana estaba situada al este, más allá de la calle de San Segundo, de modo que en toda esa parte de la muralla se pueden observar piezas funerarias reaprovechadas como materiales de construcción: estelas, aras, miliarios, «verraquitos» y estelas y cápsulas cinerarias de granito, incrustados en los lienzos del muro oriental.

El mayor esplendor de la ciudad bajo dominio romano tuvo lugar en los siglos I y II d. C. En la economía de la ciudad siempre gozó de especial importancia la ganadería trashumante, en relación a las rutas que cruzaban la sierra de Gredos por el puerto del Pico y el de Tornavacas. En tiempos del emperador Constantino la ciudad de Ávila formaba parte de la provincia romana de Lusitania. La ciudad experimentó cierta decadencia a partir del siglo III, en el contexto de una crisis generalizada en la Hispania romana a raíz de las invasiones franco-alamanas y de cierto proceso de abandono de las ciudades, en favor de las villae. Una epidemia de peste, iniciada alrededor de 250-252 d. C., diezmó a la población de la ciudad durante veinte años.

Los primeros asentamientos visigodos en la península se realizaron de forma paulatina y en grupos reducidos a lo largo del siglo V y comienzos del siglo VI. Tras ocupar los visigodos en un primer momento la Galia —reino visigodo de Tolosa— posteriormente se extenderían por el territorio peninsular para terminar formando el reino visigodo de Toledo en el siglo VI, que perduraría hasta la invasión musulmana.

Los visigodos utilizaban la tierra para cultivar cereal y alimentar al ganado. Los principales testimonios de esta dominación visigoda en Ávila provienen de pizarras inscritas encontradas en distintos puntos de la provincia, entre las que destacan las de la localidad de Diego Álvaro. La importancia de Ávila en este periodo se debió a su carácter religioso, ya que se contó con la intervención de prelados de Abela en los concilios toledanos. Ávila fue sede episcopal durante la dominación visigoda. En el año 610 se dio preeminencia a la capital y a su obispo sobre todas las demás iglesias provinciales, en un decreto emitido durante el reinado de Gundemaro. Otra huella de la etapa visigoda en Ávila es el templo de Santa María la Antigua. Las crónicas registran que este monasterio fue fundado antes del año 687, y habría sido monasterio mixto —monjes y monjas— hasta la llegada de los árabes.

No existen muchos datos de Ávila bajo dominio musulmán, cuyo nombre árabe fue Ābila (آبلة). En el año 714 la ciudad fue desmantelada por Tarik o por Muza, por lo tanto debe suponerse que en ese momento estaba amurallada. Lo único que parece seguro es que la ciudad se convirtió en un punto estratégico, siempre deseada por árabes y cristianos como enclave defensivo, y que los enfrentamientos por su posesión fueron permanentes. Hubo incursiones de varios reyes cristianos en la ciudad después de la ocupación musulmana, pero no llegaron a asentarse. Alfonso I llevó a cabo varias expediciones en territorio musulmán, en primer lugar en Galicia en el año 742 y posteriormente una campaña por el centro peninsular, en la que cayeron ciudades como Salamanca, León, Zamora, Segovia o la propia ciudad de Ávila. Las correrías de Alfonso I tuvieron como límite sur la sierra de Guadarrama. Estas campañas militares no tenían como objetivo la ocupación de las ciudades, sino la intención de destruir las defensas, recaudar botín y, aprovechando que los pobladores cristianos de la ciudad seguían al rey en su repliegue, obtener pobladores para las tierras ocupadas y guerreros para la defensa de los reinos cristianos.

Los campos eran talados, desmanteladas las poblaciones, las guarniciones sarracenas degolladas, los hijos y mujeres de los vencidos, llevados como esclavos y los cristianos mismos recogidos para poblar con ellos las comarcas de Cantabria, Álava y Vizcaya, menos expuestas a la invasión de los musulmanes.

Tras estas incursiones se suceden en Ávila tres siglos de los que se conocen pocos aconteceres. A partir del siglo VIII muchas ciudades de la meseta y el centro peninsular pueden considerarse dentro del llamado «desierto estratégico», donde se produjo un fuerte despoblamiento y que se convirtió en tierra de nadie, siendo escenario de las correrías de ambas fuerzas. En el año 785 la ciudad parece que ya estaba de nuevo bajo dominio musulmán, puesto que fue visitada por Abderramán I. Según cuentan las crónicas la ciudad fue tomada por Alfonso III —en campañas que llegaron hasta el Tajo— y su dominio fue asegurado tras la batalla de Simancas, bajo reinado de Ramiro II de León. La ciudad cayó de nuevo en manos musulmanas durante las campañas de Almanzor a finales del siglo X. El códice del beato de la catedral de Gerona del año 975 cita la ocupación e intentos de repoblación de la ciudad por el conde Fernando Flaínez, hijo de Flaín Éctaz, añadiendo que —aunque se consideraba una ciudad toledana— no habitaban en ella por aquel entonces ciudadanos musulmanes.77 Tras unos tímidos intentos de repoblación por parte del conde de Castilla García Fernández, en el año 1007 Abdelmelic Almudafar derribó sus murallas hasta los cimientos. Durante el reinado de Fernando I de León la ciudad estaba prácticamente destruida.

A finales del siglo XI Alfonso VI de León encargó a su yerno Raimundo de Borgoña la repoblación del centro de la península. Con el fin de proteger Toledo procedió a repoblar y cercar las ciudades de Salamanca, Ávila y Segovia.

Este momento constituyó también el punto de partida de un concejo o alfoz de enorme tamaño en torno a la ciudad de Ávila, que sobrepasaba las montañas del Sistema Central en su frontera meridional. En la repoblación intervinieron ciudadanos de origen navarro, franco, aragonés, mozárabe, vasco, cántabro y asturiano. Entre estos repobladores surgió el linaje de los Dávila, a partir de Ximén Blasco —gobernador de Ávila y fallecido en 1108— que vino a la ciudad junto a su hermano Fortún Blasco —futuro gobernador de Ocaña y fallecido en 1107— provenientes de Salas de Asturias, y cuyo linaje participó en la liberación de Cuenca, al mando de los ballesteros abulenses, y de Ocaña. Las crónicas citan 1092, una vez conquistada Toledo y celebradas las nupcias de Raimundo de Borgoña con Urraca —hija de Alfonso VI—, como año en el que se iniciaron los trabajos de reconstrucción de Ávila, sus murallas y el Templo del Salvador. Existe sin embargo cierta discrepancia en la actualidad en lo relativo a esta cronología tradicional de construcción de la muralla, al haber otros autores que datan la construcción de esta bien entrado el siglo XII. El geógrafo hispano-musulmán al-Idrisi, en la primera mitad del siglo XII, no hace mención en su descripción de Ávila a las murallas, limitándose a describirla como «un conjunto de aldeas, pobladas por jinetes vigorosos y con abundante ganado».

Durante esta época se establecieron relaciones feudales entre campesino y señor mediante el establecimiento de contratos agrarios. Destaca una relativamente importante industria textil, que sin embargo no pudo competir con los paños flamencos e italianos. Durante la parte central del siglo XII, las milicias concejiles tomaron parte en varias expediciones de saqueo en ciudades del territorio musulmán —situado al sur del Sistema Central— como Sevilla o Córdoba al mando de caudillos como Muño Alfonso (alcaide de Toledo) o Sancho Jiménez «el Giboso». Por el año 1142 la tenencia de la ciudad corría a cargo de Rodrigo Fernández de Castro el Calvo.96 En 1162, como reacción a una sublevación en Salamanca, las milicias de Ávila —cuya tenencia estaba por aquel entonces gobernada por Manrique Pérez de Lara— apoyaron a los salmantinos e hicieron frente al ejército real de Fernando II de León en la localidad de Valmuza en una confrontación de la cual salió victorioso el monarca leonés. Posteriormente, habiéndose reconciliado Manrique con el monarca, el primero de estos falleció y su hermano Nuño Pérez de Lara llevó al heredero del trono castellano —Alfonso VIII— a Ávila, donde permaneció tres años.

Con el paso del tiempo el proceso de la Reconquista se desplazó progresivamente hacia el sur y Ávila quedó en un segundo plano. A pesar de esta pérdida de importancia, Ávila fue una de las diecisiete ciudades de la Corona de Castilla que continuó enviando procuradores a las Cortes durante los siglos XIV y XV, tras el recorte que hubo de aquellas a lo largo del siglo XV. Durante la Primera Guerra Civil Castellana se sabe que en 1367 la ciudad fue atacada por los ingleses, a causa del apoyo de Ávila a Enrique II de Castilla, y que ardieron algunas casas del arrabal de la ciudad.101 Durante la Segunda Guerra Civil Castellana (1465-1468) entre los partidarios de Enrique IV y su medio hermano, el infante Alfonso, el 5 de junio de 1465 tuvo lugar en Ávila el suceso de la Farsa de Ávila, en el que fue depuesto el rey Enrique IV en una ceremonia en la que se coronó al príncipe Alfonso.

Ávila fue una de las 17 ciudades de la Corona de Castilla —junto con Burgos, Córdoba, Cuenca, Guadalajara, Jaén, León, Madrid, Murcia, Salamanca, Segovia, Sevilla, Soria, Toledo, Toro, Valladolid y Zamora— con el privilegio —se consideraba como tal a pesar de los gastos que suponía—106 del derecho a voto en Cortes tras la reducción del número de estas por parte de los Reyes Católicos en 1480. Este conjunto de ciudades, con la excepción de Toro, acabaron configurando provincias actuales.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, en la segunda mitad del siglo XV, y de Carlos I y su hijo Felipe II, ya en el siglo XVI, la ciudad volvió a renacer gracias a las idas y venidas de la corte. Ávila prosperó y la provincia fue testigo del nacimiento de varios personajes religiosos, escritores y consejeros espirituales como fueron Teresa de Cepeda y Ahumada —más conocida como Santa Teresa de Jesús—, nacida en la capital, y San Juan de la Cruz, que nació en la localidad de Fontiveros. Su concejo fue uno de los principales organizadores de la Guerra de las Comunidades y en ella se formó la primera junta de los comuneros.

A partir de finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII la ciudad comenzó una larga decadencia y despoblación. El inicio de este declive se vio inscrito en la fase de dificultades que atravesaba el Imperio español, que arrastró consigo a Castilla. En 1599 una epidemia de peste se llevó consigo a casi el 12 % de la población de la ciudad. Por otra parte la expulsión de los moriscos dictada en 1609 por el monarca Felipe III afectó al 13,8 % de los habitantes de Ávila. Otros factores que incidieron en la decadencia de la ciudad fueron la caída en picado de la actividad textil y la gran cantidad de mendigos, amparados por el elevado número de instituciones benéficas existentes en la ciudad. En 1618 la ciudad contaba solo con 1500 habitantes, cantidad que aumentaría a los 4085 correspondientes al año 1752.

Ávila está en suma decadencia, y en gran parte se debe atribuir a que de tantos mayorazgos como tenía, apenas ha quedado un propietario residente en ella [...] Todo está lleno de renteros y administradores, empeñados en subir hasta lo sumo la renta [...] La Corte se ha sorbido infinitas familias de un siglo a esta parte, que hacían un gran papel [...] pues tenían florecientes las haciendas que después abandonaron al manejo de apoderados.

A finales del siglo XVIII tuvo lugar en Ávila la fundación de la Real Fábrica de Algodón, instalada en 1788 con capital estatal por los técnicos ingleses Jhon Berry y Thomas Bilne. Sin embargo el proyecto fue un fracaso, ya que sus tejidos de algodón no encontraron una salida en el mercado y, tras una notoria falta de productividad, sería traspasada en 1799 para terminar estableciéndose en ella finalmente una fábrica de lanas.

La ciudad de Ávila fue saqueada por los franceses durante los días 4, 5, 6 y 7 de enero de 1809, por orden del mariscal francés Lefèvbre. Las tropas francesas desvalijaron varias iglesias de la ciudad, además de casas particulares, y tuvo lugar el incendio del matadero de la ciudad. A principios del siglo XIX las carreteras que comunican la ciudad con el entorno eran de muy mala calidad, aunque a mediados de siglo se mejorarían sustancialmente las que comunicaban a Ávila con Madrid —por El Espinar— y la del puerto del Pico.

Durante la Primera República, Ávila fue una de las ciudades en las que se extendió el movimiento cantonal, el manifiesto revolucionario sería firmado el 20 de julio de 1873. Durante la segunda mitad del siglo XIX se produjo una lenta recuperación demográfica con la construcción del ferrocarril, lo que hizo de la ciudad un importante nudo en la línea de Madrid a la frontera francesa por Irún.

Ficha actualizada en: 27/12/2016
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