15 de Mayo de 2021 208 Peregrinos conectados Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago
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Elda

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    Historia     En el año 201 a.C. el Imperio Romano derrota a Cartago. Los nuevos colonizadores utilizan el ancestral paso del Vinalopó, que queda incluido en la importantísima Vía Augusta, que comunica Roma con Cádiz. De este modo la llegada de colonos comerciantes itálicos produjo una rápida romanización de la zona. Se desarrolla una agricultura más organizada, y sigue habiendo una importante producción de alfarería, con objetos con dibujos, grafías y relieves decorativos. Surge una notable producción del esparto y la cestería. Al encontrarse en una importante vía romana, y estar cerca de grandes puertos como Carthago Nova y Portus Ilicitanus, hace que el comercio tanto por tierra como por mar sea intenso.

Durante los primeros siglos romanos, el oppidum del Monastil (la parte más alta) sufre también una importante transformación, y la arquitectura y urbanismo se adecuan a sus cánones. El poblado se componía de una calle central, con casas a ambos lados. El desarrollo más importante de la población tuvo lugar dentro ya de la era cristiana, en los siglos I y II. En este periodo el poblado se expande a una zona llana al pie del Monastil, más accesible al río y a tierras agrícolas. La población no se limita al mencionado casco urbano, sino que empiezan a construirse diversas villas romanas en tierras llanas y fértiles a lo largo del río, en zonas como Arco Sempere y Las Agualejas. Poco a poco la cultura romana va calando, y se sustituye el alfabeto íbero por el latino, así como comienza a introducirse el latín como idioma. Es aquí cuando empieza a usarse para la población el nombre de Ad Ello.

En la primera división provincial romana, las tierras eldenses pertenecieron a la Hispania Citerior. En la división de Augusto en el S.I, perteneció a la provincia Tarraconensis. En la última división, la de Diocleciano en el S.III, se pasó a la provincia Cartaginensis.

En el siglo V, Roma entra en decadencia y desaparece como imperio. Hispania sufre una invasión de pueblos germánicos, entre ellos los visigodos. A su vez, en Constantinopla se había fundado un nuevo imperio, sucesor cultural de Roma. El Imperio Bizantino intenta reconquistar la península, pero solo consigue hacerse con regiones del sureste. Se crea así la Provincia de Spania, a la cual pertenece la población de Elo. Es durante esta época en la que comienza una paulatina expansión del Cristianismo, y el núcleo urbano de El Monastil vuelve a recuperar importancia. En él se construye una importante Basílica paleocristiana, de la que se han encontrado sus ruinas, así como restos de una pila bautismal, o de un sarcófago de piedra con relieves bíblicos sobre Jonás. Probablemente, una vez más, el angosto vado del río a través de Elda, la convierte en una importante posición estratégica y fronteriza entre los beligerantes bizantinos y visigodos.

En el siglo VI, los reyes godos Leovigildo y Recaredo logran derrotar a los bizantinos, y toda Hispania queda unida en el Reino Visigodo, que tiene su capital en Toledo. El reino se convierte oficialmente al catolicismo romano, y la población de Elo, sobre el año 590, se convierte en sede episcopal, como así queda reflejado en los Concilios de Toledo, en los cuales aparecen nombrados los representantes de la iglesia elotana.

En el año 711 el Reino Visigodo sucumbe y los moriscos invaden la península. Los pobladores del Monastil comienzan a huir hasta quedar deshabitado, quedando el territorio conquistado en poder del Califato Omeya de Damasco. Cuando el emir de Córdoba se independiza de Damasco, concede a Teodomiro, un noble visigodo de Orihuela, un pacto por el que pueda conservar sus posesiones. Así las tierras eldenses pasan a formar parte de la llamada Cora de Tudmir. Durante la invasión morisca, el valle vuelve a poblarse lentamente, con la instalación de alquerías agrícolas en lugares donde habían estado las villas romanas, en tierras fértiles junto al río. Así mismo, el Monastil, llamado al-Munastir vuelve a estar poblado en este periodo. La zona sufre una completa islamización, y el idioma utilizado, será el árabe. Políticamente, Al-Andalus vivió terribles convulsiones y guerras internas. Tras la fragmentación del Califato de Córdoba en el 1031, el valle pasó a formar parte de la Taifa de Dénia, y después un territorio fronterizo disputado entre otras taifas.

En 1147, el Imperio Almohade, con moriscos de origen bereber (y no de Oriente Medio como los anteriores), invade lo que queda de Al-Andalus, para tratar de unificar el territorio y frenar el avance cristiano. De este modo Elda queda gobernada desde Marrakech. En este periodo, sobre el año 1172, es cuando se construye el Castillo de Elda, con un claro carácter defensivo, en una colina junto al río. Así pues, los habitantes abandonan definitivamente el Monastil, así como las villas y alquerías diseminadas por las orillas del río, y comienzan a concentrarse específicamente alrededor de la fortaleza, dando origen y forma al que es el actual casco antiguo. En él se construyen algunos hitos, como la Mezquita Vieja, situada en la Placeta de San Antón; la Mezquita Aljama, situada donde hoy la Iglesia, o los Baños, junto al puente de Sax.

En el siglo XIII la Reconquista cristiana llega al valle. Las tropas de Castilla lideradas por el futuro Alfonso el Sabio, convierten en territorio vasallo la Taifa de Murcia, a la que entonces pertenece el Vinalopó. Castilla y Aragón pactan el reparto de las tierras reconquistadas en el Tratado de Almizra, en el que los tercios sur y oeste de la actual provincia de Alicante, quedan dentro de Castilla en 1243. Un año después, Castilla concede la propiedad del castillo y villa de Ella a un caballero llamado Guillermo el Alemán. Solo 20 meses después, este la cedió a los caballeros de la Orden de Santiago. La Villa de Ella perteneció a la orden militar más de una década, hasta que Alfonso canjeó la villa por otras, (quizá en 1256), para donársela a su hermano el infante Manuel, primer Señor de Villena, uniendo un gran territorio en torno al Vinalopó, sirviendo este Señorío de Villena a modo de apanage. En 1264 tiene lugar una sublevación sarracena en todo el Reino de Murcia. Jaime I de Aragón, y a la sazón, suegro de Alfonso el Sabio, acude en su socorro y consigue claudicar a los moriscos de toda la zona, devolviendo el control de Elda a su señor. Don Bernat Amat (Caballero de la Casa de Claramunt y Cardona) es el primer señor barón. Tras su muerte, el control de la villa pasa a manos de Don Juan Manuel, el segundo Señor, primer Duque y único Príncipe de Villena.

En 1294 estalla una guerra entre Castilla y Aragón, dado que el rey aragonés Jaime II quería hacer valer los derechos de su reino sobre Murcia. Las tropas aragonesas consiguen importantes victorias, penetrando más allá de los territorios pactados en Almizra, violando el tratado. Finalmente en el año 1304 Fernando IV de Castilla y Jaime II de Aragón firmaron el acuerdo de la Sentencia Arbitral de Torrellas por el que se ratificó la anexión militar de la Gobernación General de Orihuela, lo que dejó a Elda bajo soberanía del Reino de Valencia, y por tanto de la Corona de Aragón.

Durante el siglo XIV la propiedad del valle de Elda (en el que generalmente se incluía también Novelda y Aspe), cambió muchas veces de manos. Durante la Guerra de los Pedros, la comarca estuvo varias veces bajo dominio castellano. También se vivieron episodios de incursiones y saqueos provenientes del Reino de Granada, en la que las morerías alicantinas prometían sublevarse. En tiempos de paz, la propiedad recaía en la Corona, hasta 1336 en que Pedro II el Ceremonioso cedió el castillo y la villa al noble francés Beltrán Duguesclín. En 1383 se devuelve a la monarquía, y durante un tiempo, el valle se alterna entre manos de la Corona y de otros nobles extranjeros. En 1424 Alfonso IV vendió Elda al noble valenciano Jimeno Pérez de Corella, conde de Cocentaina, cuyos descendientes ostentaron el señorío durante casi un siglo.

El señorío, tras pertenecer a los Corella durante casi todo el siglo XV, hasta el 4 de septiembre de 1513, cuando debido a problemas económicos de la familia, fue vendido por 48.000 libras valencianas a Mosén Juan Coloma, originario de la ciudad aragonesa de Borja, convirtiéndose así en I Señor de la Baronía de Elda. En 1577, el rey Felipe II asciende la categoría nobiliaria del lugar, otorgando el título de Conde de Elda —cuyo condado incluía Petrel y Salinas— a Juan Coloma y Cardona, nieto de Mosén. Enmarcado en el proceso de renovación de la alta nobleza en el Reino de Valencia y para conferir mayor estabilidad a su patrimonio, Juan Coloma creó para su hijo Antonio el vínculo de mayorazgo en 1581.

En esta época, el castillo se convierte en palacio condal, se construyen las 2 torres redondas, y en su interior dependencias palaciegas para la habitabilidad de la familia del conde. Así mismo, se procede a una paulatina cristianización de la villa, pese a que los cristianos viejos seguían siendo minoría. Así en 1528, siguiendo una Orden Real de Carlos I, se transforma la mezquita mayor en un gran templo católico para la villa, la Iglesia de Santa Catalina Mártir, que poco después sería rebautizada bajo otra advocación, como Iglesia de Santa Ana. En 1562 se fundó también un convento franciscano, el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles.

Tras la caída de Granada, los moriscos eran forzados a convertirse a la fe cristiana, a usar las lenguas latinas, y a usar las vestimentas propias de la zona. Pese a que oficiosamente la mayoría se convertían, después seguían profesando en privado el islamismo. A finales de la centuria de 1500, comienza a crecer el descontento, sobre todo en regiones como Valencia en la que los mahometanos suponían aun una gran masa de población. La rebeldía de estos a adoptar la fe y costumbres cristianas, acaba desembocando en que la corte de Felipe III, promulga un decreto de expulsión. El 22 de septiembre de 1609 se decreta la expulsión de los moriscos del Reino de Valencia, a los que se les da 3 días para acudir a los puertos dispuestos para tal caso. Así pues, los moros de Elda y del resto del Vinalopó se trasladaron al puerto de Alicante, donde a primeros de octubre embarcaron rumbo a la ciudad de Orán, posesión española en África.

Los moros de Elda y Novelda, se conoce que fueron reubicados en las ciudades de Tremecén y Mostaganem. Los provenientes de Valencia supusieron un activo para las tierras moriscas africanas, pues exportaron allí todos los conocimientos relativos a las labores agrícolas y de regadío que desarrollaban aquí. Mientras tanto, Elda sufrió una gran crisis económica y demográfica, dado que los moriscos suponían la mayor parte de la población. De los 2.200 habitantes, se pasó tras la expulsión a cerca de 600, por lo que muchas tierras y casas quedaron abandonadas.

Ante la flagrante despoblación de la villa, el II Conde de Elda, Antonio Coloma, dicta la Carta Puebla de la Villa de Elda, el 11 de noviembre de 1611. Tras la proclama de la misma, llegan a Elda nuevos pobladores del Marquesado de Villena, y de lugares limítrofes tales como Alicante, Agost, Muchamiel, Onil o Aspe, entre otros. Se tardaron más de 30 años en volver a recuperar el volumen demográfico. En la carta, se detallan las condiciones para la habitabilidad en Elda, definiéndose como un sistema de corte feudal, en el que la jurisdicción de las tierras quedaba a cargo del Conde, al cual los arrendadores de las mismas deberían pagarle los diezmos de la producción.

Durante las centurias de 1500 y 1600, en las que la economía estaba basada en la agricultura, se dan numerosos conflictos y litigios con la justicia relativos al reparto de las aguas. Los manantiales de Elda no siempre eran suficientes, o no siempre aportaban agua, o el uso de la misma estaba disputada con los regantes de Petrel. Elda compró los derechos de la Fuente del Chopo, en Villena, pero igualmente había continuos litigios por no respetar lo pactado, entre las villas de Villena, Sax, Elda, Novelda, incluso Elche, en lo relativo a los acuerdos sobre usos también de aguas del río. Estos conflictos se solucionaron en parte con la construcción del Pantano de Elda, una presa de gravedad, situada en el Charco de Domingo, en el cañón que se forma junto al Monastil. La obra queda finalizada en 1698, lo que permite una mayor estabilidad al regadío eldense.

El siglo XVIII no comenzó con buena fortuna para la villa. El V Conde de Elda, Francisco Coloma Pujades -el cual según el historiador Lamberto Amat, no profesaba buena voluntad hacia Elda- firmó un documento en el consejo local el 12 de diciembre de 1703, en el cual se definían los términos territoriales dentro del condado. Las fronteras se trazaron de forma arbitraria, sin ninguna justificación (pues no había divisiones ni referencias previas). De este modo, a la villa de Elda, siendo la cabecera del condado, se le otorgó el término territorial más pequeño, de algo más de 44 km2. A Salinas se le otorgó un 50% más de terreno que a Elda, pero donde más conflicto se generó, fue en la frontera trazada con Petrel. A la vecina villa se le otorgaba un territorio que era doble y mitad que el eldense, quedando la línea divisoria alejada varios kilómetros del núcleo petrelense, pero casi pegada al casco de Elda, lo cual marcaría para siempre el futuro desarrollo de la ciudad.13 Se perdieron también importantes terrenos tradicionalmente eldenses, como el Marquesado de la Noguera, donde estaban el manantial de agua y la Ermita de Santa Bárbara.

El siglo comienza con un gran conflicto para España. La muerte sin descendencia del rey Carlos II, dio lugar a la Guerra de Sucesión Española, una larga guerra internacional en la que se enfrentaron los dos pretendientes al trono, el francés Felipe V y el archiduque Carlos de Austria. Durante la contienda, los únicos austracistas fueron el Conde de Elda, y un grupo de vecinos de la Calle la Tripa. Mientras, el resto de la población local se mantuvo fiel al rey Felipe, llegando a formar parte de la junta de defensa llamada Uníón de Castalla.

Una vez más, el paso natural que supone el Vinalopó entre la meseta y el mar, situó Elda en un frente de guerra. En 1706 todas las defensas borbónicas del valle estaban bajo mando del mariscal irlandés Daniel O'Mahony, que guareció sus tropas en Villena. Sin embargo las tropas austracistas que desembarcaban desde el mar, llegaron a Elda el verano del mismo año. De este modo, los ingleses enviados por orden del Conde de Peterborough, tomaron la villa el 9 de agosto, a manos del brigadier Richard Gorges.

El 5 de octubre, las tropas borbónicas entran en Elda, lideradas por el mariscal Medinilla, el cual cobró un tributo de rescate, a la par que se reconstruían las defensas. Durante los próximos meses, al estar la villa en paso fronterizo, se suceden las invasiones y escaramuzas de ambos bandos, estando la plaza en manos de unos u otros. A comienzos de 1707, el Duque de Berwick, proveniente victorioso de plazas cercanas, toma el poder en todo el valle. Sin embargo en febrero, tropas austracistas desembarcadas en Alicante, entre quienes se encontraba el conde Fco. Coloma, toman Elda y alrededores con unos 6000 hombres, que se disponían a avanzar sobre Villena. El valle volvía así a quedar dominado por fuerzas inglesas. Hasta abril, cuando las fuerzas superiores del Duque de Berwick vuelven a tomar Elche, Elda y el resto del Vinalopó, en una oleada que culminaría con victoria en la batalla de Almansa, poniendo el punto final al dominio austracista en el Vinalopó, y poco después en todo el Reino de Valencia.

El 29 de junio de 1707 se publica el Decreto de Nueva Planta, por el cual los fueros regionales quedan abolidos, y se asume el gobierno de un reino centralizado, con unificación de leyes. Cambia así mismo el ordenamiento municipal, sustituyéndose por un nuevo consejo de gobierno local similar al actual, compuesto por un alcalde, regidores y un síndico. Las autoridades de Elda hicieron constar a la corte real los esfuerzos llevados a cabo por la villa en apoyo de la causa borbónica. De este modo, mediante el Real Decreto de 23 de mayo de 1713, se condede a Elda el título de Fidelísima villa, con el cual se gana el derecho de incluir en su escudo una Flor de Lis, símbolo de la dinastía Borbón. Así mismo fue condonada una abultada deuda contraída por la guerra. El conde de inicio fue considerado traidor, aunque unos años más tarde le fueron restituidos sus bienes confiscados.

El 2 de mayo de 1808 estalla la Guerra de la Independencia, contra la ocupación de España por tropas de Napoleón. Días después de los sucesos, la Capitanía de Valencia daba orden a las gobernaciones de levantarse contra el rey ocupante José I. El levantamiento es promulgado en Elda por el entonces alcalde, José Verdú Mirambell. Tras el bando de reclutamiento, 144 eldenses se alistaron en aquella primera quinta. Dado que la guerra tomó un carácter de guerrillas, se ordenaba la creación de juntas locales de defensa, pero estas fueron difíciles de formar en la zona, debido a la escasez total de recursos. El alcalde solicitó a la Gobernación de Orihuela el envío de fusiles, pero estos nunca llegaron, y el gobernador pedía que las milicias fueran armadas con chuzos, palas, hachas o cualesquiera armas. Ante tal falta de medios, la milicia local de Elda no pudo ser creada. Si se estableció no obstante un punto de vigilancia en La Torreta, desde donde se controla el vado del angosto valle.

En enero de 1812 las tropas francesas entran en la zona. Los españoles se retiran, debiendo dejar el general Martín de la Carrera dos escuadrones en Elda, pero ante el caos esto no sucede, y el valle queda libre, adentrándose el general Montbrun desde Almansa, ocupando cada pueblo hasta asediar Alicante. Durante aquel año de ocupación, el ejército francés llegó a entrar en Elda hasta 79 veces, para llevar a cabo expropiaciones de elementos de la entonces rica huerta eldense. Los ocupantes hicieron pagar a Elda 50.000 reales en metálico en abril y en junio. En sus incursiones confiscaban pan, harina, vino, aceite y piensos para caballos, por valor de casi 750.000 reales. También hay constancia de que se tomaban rehenes, hacia los que luego se exigía cobrar un rescate. Sin embargo en algún texto de la época, se relata que Elda fue conocida por ser una villa bastante pacífica con el francés. Otro de los problemas era el de propios guerrilleros españoles, que a través de caminos y poblaciones, se dedicaban al bandolerismo. El 13 de abril de 1813 tiene lugar la batalla de Castalla, donde una coalición aliada de miles de soldados españoles y británicos, consiguen derrotar al mariscal Suchet, comenzando así la liberación de toda la zona alicantina.

El resto del siglo XIX vivió una sucesión de terremotos políticos. El año 1833 se crean las provincias, quedando Elda incluida en la provincia de Alicante. El mismo año estallaba la I Guerra Carlista, que pese a no tener mucho apoyo en la zona, sí hizo vivir algunos conflictos con algunos insurgentes de la comarca, así como las escaramuzas protagonizadas por tropas del guerrillero Domingo Forcarell, que atravesó el valle en alguna ocasión. En 1844 tiene lugar una insurrección progresista con la intención de extenderse por todo el sureste. El 5 de febrero, tropas rebeldes comandadas por Pantaleón Boné sufren un choque con el general Pardo en las afueras de Elda (entre Santa Bárbara y La Torreta), que es conocida como batalla de Elda, o de Boné. En ella se enfrentaron cientos de hombres, en los que colaboró activamente la Milicia Nacional de Elda en favor de las tropas del gobierno. La ayuda del capitán-general Roncali dio por vencida la batalla el día 7. El año 1873 es especialmente difícil. A la III Guerra Carlista, hay que sumarle la Rebelión Cantonal, dos graves conflictos que afectan especialmente a la región. De ambos asuntos tuvo que hacerse cargo el ciudadano eldense más célebre, el presidente de la República, D. Emilio Castelar.

Fue un siglo también de tragedias naturales. Aún no se había reconstruido la presa del pantano, derribada en una riada, cuando una nueva inundación en 1884 arrambló con puentes y molinos en la villa, dejando 5 muertos en las orillas del río. En esta época se viven los episodios más negros de la historia eldense, acontecidos por las epidemias de cólera. El 5 de agosto de 1855 comienza un brote, pero la noche del 6 al 7, súbitamente son más de 800 los infectados, creando una situación de pánico en la villa. Es conocida esta fecha, en la que los vecinos atemorizados, piden al cura sacar en procesión rogativa a la Virgen de la Salud y el Cristo del Buen Suceso. Según relata Lamberto Amat, la mortalidad de aquel brote fue menor en Elda. En 1885 tiene lugar una nueva epidemia, aún más virulenta que la anterior. Durante el 12 y el 17 de julio fallecen al menos 334 vecinos, casi un 10% de la población.

No obstante, la segunda mitad del siglo puede considerarse un periodo ilustrado y de grandes cambios para la villa. En 1858 entra en funcionamiento el ferrocarril Madrid-Alicante, del que Elda, siendo un importante punto del camino, contará con una estación, que contribuirá en gran medida a su apertura y desarrollo. Es una época de gran auge cultural, donde surgen notables eldenses en el mundo de la sociedad local y nacional, políticos, juristas y escritores, de la talla de Emilio Castelar, Juan Rico y Amat, Sempere Guarinos, Lamberto Amat o El Seráfico. Se desarrolla el tejido cultural local, se funda la Banda de Música Santa Cecilia en 1852, se comienzan a celebrar las fiestas de Moros y Cristianos y se imprime el primer periódico local El Bien General en 1887. Al mismo tiempo, en el marco de la II Revolución Industrial, empiezan a sustituirse los pequeños talleres de zapateros y alpargateros por grandes fábricas de calzado de piel.

El siglo XX es el de la expansión definitiva de Elda. Comienza un periodo de progreso, con el surgimiento de una clase media, y una incipiente burguesía local. En el 1900 llega la electricidad a casas y calles, de manos de La Eléctrica Eldense. Este gran avance contribuirá así mismo a la mecanización y la industrialización a gran escala del calzado. La población comienza a crecer rápidamente, como el tejido social. En 1901 se funda el Casino Eldense. En 1904 tienen lugar diversos acontecimientos se funda el Teatro Castelar. Se funda la Gran Peña, así como publicaciones de prensa local, se funda la Cruz Roja eldense, y llega por primera vez la instalación de la línea telefónica. Pero el hito que marca la explosión demográfica y económica de Elda, tendrá lugar ese mismo año 1904, cuando el presidente del gobierno Antonio Maura, tras una calurosa acogida a su paso por la villa, intercede con el Rey Alfonso XIII para que este conceda a Elda el título de ciudad.

Ficha actualizada en: 07/01/2017
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