20 de Junio de 2019 186 Peregrinos conectados Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago
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Etapa :  ES01c07a.- LosArcos - Logroño (27,98 Kms.)
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Torres del Rio

(Navarra)
621,680 Kms. hasta Santiago
 
Poblaciones del Camino     Albergues y Acogida    
    Albergues    
Denominacion Plazas Precio Servicios que ofrece
Albergue Templario La pata de oca 32 10,00 € LavadoraTendederoComedorExterioresAgua CalienteDuchasEnchufeBotiquínAdmite BicisEstablosCalefacciónRefrescosMáquina de caféWifi
Albergue casa Mari 26 6,00 € CocinaLavadoraTendederoComedorExterioresAgua CalienteDuchasEnchufeBotiquínAdmite BicisCalefacciónRefrescosMáquina de café
Casa Rural Martintxo 8 40,00 € Duchas
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  Denominación
Iglesia Iglesia del Santo Sepulcro
Iglesia Iglesia Parroquial
    Historia     DESDE LOS ORÍGENES AL SIGLO XII

El origen del pueblo es muy antiguo y sin duda hubo continuidad en la presencia de núcleos humanos en la zona, quizás debido al clima favorable y al emplazamiento próximo a la calzada romana que desde Burdeos lleva a la ciudad de Astorga (la llamada ab Astúrica – Tarraconem) y que coincide aproximadamente con el actual Camino de Santiago.
Ya en los primeros siglos de nuestra era, en los tiempos del emperador Augusto, la zona formaba parte de un campamento militar romano enclavado en la denominada Hispania Tarraconense y constituía con otras poblaciones limítrofes (Sansol, Armañanzas, Lazagurria, Los Arcos, El Busto) el conjunto denominado Cornonium.
En el siglo V las tierras torresanas asisten a la presencia visigoda y sueva en sus desplazamientos hacia el oeste y el sur de la península y, soportadas las bagaudas y las inestabilidades que acompañaron la instauración del cristianismo, sufre los vaivenes debidos a la presencia musulmana ya desde finales del VII.
En 750 d. C., antes del descubrimiento de las reliquias del Apóstol Santiago en Galicia, Torres del Río ya contaba con un floreciente monasterio benedictino, llamado de La Redonda por su peculiar planta de forma circular, posiblemente inspirada a la base de los castros celtas.
El templo redondo, cuya regla se inspiraba a los dictámenes de San Isidoro, fue inicialmente asentamiento de monjas, mas los estragos provocados por los moros culminaron con la degollación de las hermanas con su abadesa Ericiana al frente, en 718.
Desde esta fecha en el pequeño cenobio solo moraron monjes que, hasta la segunda mitad del siglo X pudieron “orar y trabajar” en paz como mandaba su regla, pero las escasas posibilidades de defensa frente a las correrías sarracenas les obligaron a trasladarse a Logroño, donde fundan la basílica de Santa María de la Redonda, actual Catedral.
Mientras que los Cruzados tomaban Jerusalén los moros correteaban en tierras navarras y, justo en 1100, el senior de turno, Don Jimeno Galíndez, hace donación del “monasteriolo in Torres, justa illo camino” al abad de la cercana Irache, quedando bajo su jurisdicción. Del mencionado monasterio, hoy en día solo podemos apreciar lo poco que se conserva de una inelegante puerta del siglo XVIII (1784) en un estilo pseudo - neoclásico, por encima de la cual luce una preciosa cruz pétrea de estilo celta.
Las repetidas desamortizaciones y los inevitables pillajes han completado la obra de destrucción emprendida por el tiempo, así que del antiguo Monasterio de Santa María la Redonda el moderno visitante solo puede percibir el misticismo que dejó su aura, amparado por la sonrisa de la cruz celta.
En una pequeña placa de madera, situada bajo el dintel de lo que queda de la puerta podemos todavía leer:
“Monasterio Benedictino – Santa María La Redonda – Torres del Río – Floreciente en el siglo X – Fundó con su mismo nombre en Logroño el año 950 - Permaneció unido a Irache de 1100 a 1312 –

LOS TEMPLARIOS

En los años posteriores a la 1ª Cruzada, toda Europa experimentó una fase de recuperación: doquiera se construyeron puentes y caminos, se levantaron iglesias (el celebre manto blanco de catedrales) y edificios civiles de gran valor arquitectónico: esta práctica involucró Navarra y Torres del Río, donde en la segunda mitad del siglo XII se emprendieron las obras de edificación de la Iglesia octogonal del Santo Sepulcro:
Son varios los historiadores que atribuyen esta capilla a los Caballeros Templarios y, a pesar de la falta de pruebas documentales que demuestren “científicamente” que la Iglesia de Torres del Río perteneciera o fuera construida con la colaboración de la Orden del Temple, hay suficientes indicios como para descartar otras hipótesis.
Se suele fechar el comienzo de la fábrica de la capilla alrededor de 1160 / 1170. En esta época la localidad de Torres no contaba con numerosas edificaciones: además del Monasterio de la Redonda, levantado en piedra, si hubo otras construcciones fueron supuestamente de madera o de adobe y no quedan vestigios.
En el momento en que se proyecta emplazar en Torres del Río la nueva Iglesia, surge la necesidad de cobijar, sustentar y también defender la comunidad involucrada en su construcción: maestros de obra, canteros, carpinteros, religiosos y pobladores del núcleo en general.
Por lo tanto surgen, coetáneas a la Iglesia en construcción, las primeras edificaciones del pueblo, que todavía siguen a lado del templo: al oeste, a pocos metros del torreón, queda una casona que, según parece, fue utilizada como granero / depósito; frente a esta, en la calle Mayor, la planta baja del edificio en que hoy se sitúa el Restaurante La Pata de Oca, albergaba las cuadras (suficientes para más de una treintena de animales) que estaban conectadas con el que tenía que ser el edificio principal (siempre nos referimos a la planta baja) cuya fachada da a la plaza del pueblo y que actualmente es de propiedad de los señores Agós..
Esta la situación en la mitad del siglo XII: pero ¿quién se ocupaba de la protección y defensa militar del grupo que, asentado en el poblado de Torres, estaba construyendo la Iglesia?
Aunque sea solo por exclusión, no quedan que los Templarios: en 1131, Alfonso Iº el Batallador, rey de Aragón y Navarra había dejado su reino a las tres Ordenes religiosas nacidas en Jerusalén, es decir los Sepulcristas, el Hospital y el Temple. En su testamento además, el rey Batallador manifiesta una clara predilección hacia la milicia del Temple, a quien deja también su caballo con todas sus armas.
La Orden del Santo Sepulcro, actual administradora de la Iglesia, nunca ha sido una Orden con carácter militar sino de canónigos, y por consiguiente no podía proveer a las necesidades de defensa.
Los Hospitalarios quedan igualmente excluidos por la absoluta falta de elementos que sugieran su presencia en la localidad, mientras que los indicios que corroboran la huella templaría son significativos: muy cercana a Torres del Río se encuentra la encomienda de Alcanadre (templaría ya desde 1155), que pudo ser la base de partida del grupo que residió en el pueblo defendiendo sus habitantes y la arquitectura misma de la Iglesia del Santo Sepulcro no dejan sombra de duda.
Después que el rey de Francia Felipe el Hermoso consigue infamemente acabar con la Orden, todos los bienes del Temple “pasan” de alguna forma a otras manos, ciertas de que nadie vendrá a reclamarlos.
Esta parece haber sido la suerte de la Iglesia torresana, hoy confiada a los canónigos sepulcristas.

LAS ÉPOCAS BARROCA, MODERNA Y CONTEMPORÁNEA

Terminada la construcción de la Iglesia del Santo Sepulcro el trazado urbano no parece haber soportado modificaciones significativas hasta el XVI, cuando se asiste a una rehabilitación general del pueblo.
En esta época Torres ya había pasado a pertenecer al reino de Castilla (desde 1463) y, en la estela de las restauraciones hechas posibles por los beneficios que las tierras recién descubiertas por Colón generaban a la Corona, vio el nacer de la Iglesia de San Andrés, la restauración de las primeras construcciones del siglo XII levantándolas de un par de plantas, (en unas se puede apreciar la diferencia del tipo de piedra, sillería en la base y mampostería en las demás plantas) y la fabricación de varias casonas blasonadas que todavía siguen (algunas en ruinas) a la vera del Camino.
Hay datos que corroboran la presencia de Señores de Beaumont en una casa de la calle Mayor: cabe la posibilidad de que sus antepasados hayan luchado en contra del bando agramontés capitaneado por Cesar Borgia, sepultado en Viana.
Las obras de la actual Iglesia parroquial, duradas tres décadas, comenzaron en 1599, el mismo año en que se daba la regla de la Cofradía de la Vera Cruz.
El arreglo urbanístico que se produce en Torres del Río en los siglos de XVI a XVIII coincide con un periodo de relativa paz y consecuente desarrollo de las infraestructuras en las tierras nortorientales de España.
En estas obras de reforma de la localidad se incluye el Monasterio benedictino de La Redonda, sobre cuya puerta neo clásica o, mejor dicho, sobre lo que queda de ella, luce la fecha de su reconstrucción: 1784.
En 1763, reinando Carlos III, el pueblo de Torres, junto a El Busto, Los Arcos y a otras poblaciones, viene devuelto a Navarra después de pertenecer por tres siglos a los castellanos.



Ficha actualizada en: 01/04/2015
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