Dejamos la capital comarcal y antes de afrontar las subidas del Padornelo y La Canda, el peregrino puede congraciarse con el apóstol en la solitaria ermita de Santiago, en las proximidades de Terroso. Nuevos trazados, impuestos por la moderna infraestructura ferroviaria, han alterado caminos tradicionales pero que, con todo, no desmerecen las etapas más exigentes de este camino.
Tras rebasar Requejo de Sanabria, primer pueblo de Galicia hasta el siglo XIX, y Lubián, llega el peregrino al santuario de la Tuiza, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, que lo despide igual que lo hacía, hasta mediados del siglo pasado, cuando el ferrocarril eliminó los desplazamientos a pie, a las cuadrillas de segadores gallegos que, durante muchos años, por aquí pasaron cuando iban y regresaban de las Castillas, dejando sus hoces y oraciones en señal de agradecimiento por haber cuidado de su familia durante la ausencia.
Salimos de Requejo para iniciar un largo recorrido hasta el Padornelo, donde a unos cuatro kilómetros de la población se endurece la subida que, de modo serpenteante, nos lleva hasta el viaducto de los Tornos donde cruzamos la Autovía en un sentido y luego en el otro para llegar por fin a la Portilla de Padornelo, con sus 1.352 metros de altitud. Desde allí iniciamos el descenso, y poco antes de llegar al Padornelo tenemos que cruzar de nuevo la Autovía para alcanzar la población.
El descenso ahora se hace rápido y agradable, hasta llegar a la Venta del Cura, muy próxima a Aciberos y en la que nos encontramos con un fuerte descenso hasta alcanzar la aldea de Aciberos, pequeño pueblo sin servicios, con ermita y molino de agua. Por pequeños puentes de piedra que nos permiten cruzar los arroyos, entre robles y brezo, cruzamos las vías del tren cerca de la estación y llegamos a Lubián, donde nos espera su iglesia de San Mamés de estilo barroco tardío, y un gigantesco y centenario tejo.
Poblaciones, Servicios y Albergues
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