Los peregrinos que optan por la ruta sanabresa se despiden aquí de la Vía de la Plata, dirigiendo sus pasos directamente a occidente. El paisaje engrandece el itinerario, alcanzando uno de sus puntos álgidos en Puente Quintos, donde el Esla, ahora embalsado, oculta algunas de las construcciones que fueron propiedad del monasterio.
Bajamos a la ribera y caminamos por la orilla hasta una angostura del río, que obliga a ascender por una fuerte rampa, no apta para ciclistas, esfuerzo que se verá recompensado con la extraordinaria panorámica que se disfruta desde la cima, así como de la posibilidad de contemplar los trabajos arqueológicos que están sacando a la luz un castro tardoromano en la zona de El Castillón.
Nuevos caminos rurales, discurriendo por tierras cerealistas, conducen al peregrino a Faramontanos y Tábara, cuna del poeta León Felipe y orgullosa por haber acogido uno de los monasterios más importantes del periodo medieval. Todavía conserva, aunque reformada, la famosa torre que albergó el scriptorium donde se iluminaron –según dijo Jhon Williams, experto mundial en códices medievales– los más bellos Beatos, y que el monje Emeterio describió en el colofón del Beato de Tábara. También de aquí salió el Beato de Gerona, donde, por primera vez, se representa el apostolado y cita el lugar donde predicó cada uno: “Iacobus Spania”.
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