En el Camino, puesto cara a cara en soledad con tu yo más profundo, te embarga ya tu inmensa pequeñez, tus miserias morales, tu absurdo egoísmo, el pecado en suma. Es fácil que experimentes el pecado radical de ser criatura. Es fácil descubrir la indignidad ... y cierto desasosiego que te embarga.
Vas cayendo en la cuenta de que tu existencia es una existencia malograda; una especie de confuso sentimiento de haber malogrado tu vocación, de haber traicionado, de estar traicionando lo mejor de ti mismo ... También eres consciente de que una sola esperanza puede salvarte: la esperanza de poder empezar de nuevo la vida. Sueñas con una nueva existencia renovada, regenerada, significativa. Anhelas una renovación definitiva y total que pueda transmutar tu anodina existencia.
Necesitas un rito que dé consistencia real y emocional a esa renovación. La iglesia te garantiza el rito milenario, posiblemente el único hoy posible: la penitencia. Dios asume tu pecado, tu existencia malograda y te garantiza el comienzo de una vida nueva renovada periódicamente.
Retomas la armonía perdida del comienzo, del antiguo paraíso que tanto anhelas, pues Jesucristo nos lo ha vuelto a hacer posible con su muerte en la cruz.
El rito de la penitencia, la confesión, crucifica tu pecado con Cristo y renaces, redivivo, con El desde el sepulcro oscuro del pecado-muerte. La nueva existencia es posible. Tu vocación es de nuevo restaurada. Renaces a la vida primera, limpia y por estrenar.
Si lo quieres en términos de alquimia: ésta es la única y verdadera piedra filosofal. Con ella el alquimista encontraba el objetivo final de su obra. Pues es muy claro que el alquimista no buscaba transformar la materia prioritariamente, sino trasnmutar su existencia malograda en existencia significativa. La materia encierra lo utilitario. Lo inmaterial crea la esencia verdadera.
Algunos suplen este rito con la hoguera y el baño en el Fisterra. Pero inventarse un rito es imposible. Un rito sólo es válido, incluido el nivel de la experiencia, si hay una religión que lo respalde, lo avale y lo convierta en eficaz.
Otro segundo rito de la iglesia te lleva a la unión con el misterio: la Eucaristía. Ella contiene en sí un doble movimiento.
Asciende el gregoriano en el domingo
desvelándose capas al misterio
Venía el aleluya repetido
con módulos sin fin
y parecía
vaivén de olas en la playa
el mar
que viene y va
y que es tan leve.
Era,
a la vez,
el vuelo de los buitres,
silencio sosegado en círculos concéntricos,
exactamente igual
mas tan distintos.
Venía
en oleadas
el rumor de los vientos
colándose entre los robles,
uniendo su voz clara al lamento del monje.
El templo se entreabría,
ya no existían muros,
en un Centro del Cosmos
en confluencía mística de esferas.
Resonaba en los kiries el lamento piadoso
del hombre y su misterio
en búsqueda de Dios,
y se expresaban
aquellos que persiguen la paz,
los que hacen de este mundo un cosmos ordenado,
la quimera,
una ascensión a Dios,
tanta utopía ...
En el templo
se convirtió la misa en canto sideral,
liturgia cósmica
que asciende a Jesucristo,
final Punto Omega teilhardiano.
Dios desciende entre misterios. El pan, criatura elaborada de trabajos y días, acoge en su materia los misterios. El Eterno, Innombrable, Todopoderoso Señor de los astros y siglos, se reasume en el pan... Transmutación de las trasnmutaciones, misterio de misterios, abajamiento en forma inconcebible: Dios contenido todo entero en débil criatura material el pan y el vino consagrados, por la expresa potencia del que puede, contienen ellos mismos al Creador del Todo.
Ponte en O Cebreiro en la actitud del inculto labriego. Recuerda despacio y con fe grande el milagro del Grial. Y deja que el Misterio entre en ti, se posesione de ti. Recita, con sosiego repetitivo, "Adoro te devote latens deitas". Repítelo insistentemente. Deja que repose en ti.
Participa de la misa en O Cebreiro, así como a lo largo del Camino, acogiendo a Dios que desciende a ti. Igual que has realizado tan fatigosa ascensión hasta la cumbre, El te ascenderá a lo alto de sí mismo.
Después en la palloza, nuevo establo de Belén, acostado en la paja te será fácil revivir que Dios ha vuelto a nacer en ti, acunado tan sólo por tu estremecimiento. Tampoco te faltará el mugido sonoro de las vacas.