Déjate inundar por esta idea: el mundo no es el lugar de dominio del hombre, sino de comunión. No saber dominar, sino saber para vivir en íntima comunión.
No somos los únicos, ni los primeros, ni los mejores. Aprender la lección de los siglos no es "saber cosas", ni conocer los hechos de la historia, sino sentir palpitar en uno mismo los anhelos y motivos de los hombres y mujeres del pasado que hacen el hoy posible.
"Somos enanos sentados en las espaldas de
gigantes. Vemos pues más cosas que los antiguos, y más
alejadas. Pero no por la penetración de nuestra vista o por nuestra mayor talla,
sino porque nos levantan con su altura gigantesca."
(Bernardo
de Chartres).
Te encuentras con los hombres antiguos que trazaron el Camino; con quienes dirigieron los nobles edificios y las catedrales aún en pie; con quienes labraron la piedra y en ella dejaron sus manos y sus ideas. Te encuentras con aquéllos que habitaron miserables casuchas y laboraron estériles campos. Te encuentras con aquéllos que hollaron el Camino con el peso de sus pies.
Encuentro con aquello que motivaba sus búsquedas: el oscuro, a veces, impulso de lo Sagrado. Entender que una catedral se levantó porque la economía lo permitía, así como la estabilidad política y los afanes de gloria; pero sobre todo porque la tarea más noble de todo ser humano era consagrar un templo a la Gloria de Dios. Que si no levantaban bancos era porque ese Dios no embargaba sus sueños.
¿Tal motivación, tan constante a través de los siglos, es ya inaccesible al secular hombre moderno, posmoderno, que peregrina? Deja que el peregrino buscador de lo Santo, lo Divino, aliente en tu interior. Déjale expresarse, que aflore y aporte la dimensión realmente real y verdadera.
Vestigio esplendoroso del antiguo hombre religioso es el románico. Estremécete ante él. Contémplalo sin prisa. Es pura estética. Pero no vacía estética pues está al servicio del Misterio. El Pantocrator de Carrión, se contempla con arrobo, pero sobre todo se le reza. A la Virgen del Cebreiro, ojos que ven al Invisible, se le reza. El templo no se "pasea". Es el lugar donde Dios se comunica. En él no se contempla arte sin más, en él se ora al Dios presente en su centro.
Encuéntrate al pastor. Destierra paternalismos y obsoletas conmiseraciones... Arría las prisas y conversa con sosiego... bebe un vaso de vino... de bon vino en la Rioja...
Descarga la mochila y escucha al hombre de la azada en la orilla del Camino... Los viejos en las puertas, en las plazas junto a la fuente... los niños en la calle... Persona entre personas... Ellos seguramente con problemas más reales que primarios.
Sonríe... da los buenos días... Te llevarás muchísimo más de lo que dejas...
No rompas el silencio del Camino. ¿Lo que vas a decir es más hermoso que el silencio que rompes? Pero está siempre dispuesto a escuchar, a atender, a tender una mano... Cada peregrino es Cristo que camina hacia el Padre... cada peregrino trasluz del Misterio que se manifiesta...
La puerta del albergue, a la caída de la tarde, puede poblarse de las más íntimas conversaciones... cada peregrino conocido puede ser, será, un amigo para siempre.
Dedica un día, muchos días, a repasar en lista de prioridades a las personas que quieres y te quieren. Habla con ellos en la distancia... descubre su gracia, su bondad. Pídeles perdón. Perdonálos... Haz consciente el amor profundo que te embarga... cuánto les debes... cuánto te deben... Siéntete querido, recordado afectuosamente por tus amigos que están lejos en la vida normal, en el trabajo.
Háblale al Uno de ellos. Pide al Trino por ellos. Sois la misma cosa en la Unidad de Dios Padre.
Haz consciente tu cuerpo cansado, roto. Tu voluntad que domina las ampollas y el cansancio. Vuelve a repetirte mil veces ¿quién me ha metido a mí en todo esto?.
Háblate a tí, de ti mismo. En voz alta, en soledad. Camina en soledad. Cuéntate tus ilusiones más profundas, qué pides a la vida, qué le das... ¿Qué me hace levantar feliz por las mañanas? ¿Qué desvela mis sueños? ¿Porqué pido perdón? Mi destino... ¿a dónde va el destino que me espera?
"Nuestro oficio no es nuestro destino.
No hay otro oficio ni empleo que aquél que enseña
al hombre a ser un Hombre.
El Hombre es lo que importa."
(León Felipe).
Experimentarse como "ámbito de resonancias" donde el cosmos, la historia, las gentes, Dios, resuenan y se concretan. Yo en mi inmensa pequeñez contengo el universo y las esferas... soy polvo de estrellas... de galaxias...
La vida que me vive, que me embarga... río caudaloso del que soy una ínfima gota, pero lúcida y corriente hasta dar a la Mar...